Camino de Santiago desde Ponferrada (verano de 2010)

Día 1: Ponferrada - Villafranca del Bierzo (21,2 km)

Después de toda la noche viajando en autobús, llegamos a Ponferrada cansados pero con la ilusión de empezar El Camino. Entre una cosa y otra, empezamos a andar sobre las 11:00. El sol picaba y nosotros buscábamos la primera piedra de la senda hacia Santiago siguiendo una gran avenida que nos resultaba inhóspita. Después de encontrar la primera flecha del camino, seguimos por una carretera pequeña que iba uniendo varios pueblos hasta llegar a Camponaraya. Allí paramos a comprar pan para los bocadillos y la dependienta de la panadería nos obsequió con unas mini-napolitanas que vinieron al pelo. Desde allí empezamos a caminar con mucho sol por caminos de tierra, parando en fuentes y sombras, hasta llegar a Cacabelos donde paramos a descansar y comer al lado del río.

Proseguimos El Camino por carretera pura y dura en un tramo bastante peligroso y a pleno sol. Fue el tramo más duro del día que se agravó al dejar la carretera y discurrir por caminos polvorientos de subeybajas. Llegamos finalmente al albergue municipal de Villafranca del Bierzo sobre las 17:30 pero estaba completo, así que fuimos al centro del pueblo donde había otro albergue público abierto para la ocasión.

Una cervecita y un paseo por la zona del río, donde había una feria hippie como jamás había visto, culminaron la jornada antes de ir a dormir y descansar para el día siguiente.


Captura de la ruta en google earth

Día 2: Villafranca del Bierzo - La Faba (23,58 km)

Salimos pronto por la mañana, aún era de noche, cruzamos el pueblo y seguimos un camino al lado de una carretera que iba uniendo pueblos en paralelo a la autovía A-6. Paramos a desayunar en Pereje, un café con leche y unas tostadas. Estabamos en ello cuando tuvimos la visión de la jornada, un grupo de peregrinos negros que iban casi corriendo… la gracia duraría todo El Camino. El día fue tranquilo y la senda bastante llana hasta llegar a Ruitelán, donde dejamos la carretera y entramos en camino de tierra. Comenzaba lo peor.

Hospital fue el último pueblo antes de empezar el duro ascenso hasta O Cebreiro, un camino con muchas piedras, con sol y sombra, pero sobretodo interminable. Al final nos quedamos en un pueblo llamado La Faba, donde encontramos un albergue donde alojarnos. Lo que restaba hasta O Cebreiro quedaba al descubierto y el sol ya picaba.

Una cervecita y siesta, y más tarde una misa franciscana peculiar y conversaciones con más peregrinos en la cena, dieron por zanjada la jornada.


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Día 3: La Faba - Calvor (39,2 km)

Volvimos a levantarnos pronto y todavía a oscuras iniciamos el recorrido a O Cebreiro. Al poco de andar, tras pasar La Laguna, en medio del camino nos encontramos con un pequeño y curioso zorro. ¡Vaya susto se pegaron Belén y Ester! Seguimos y nos encontramos con una chica estadounidense que deambulaba sola. En El Camino te encuentras gente de todo tipo y condición. Al llegar a O Cebreiro, la naturaleza nos obsequió con un paisaje de ensueño, un mar de nubes que bañaba Galicia desde la entrada a la misma a nuestros pies hasta el horizonte.

En O Cebreiro nos despistamos un poco debido a las vistas y cogimos la carretera en vez del camino de tierra hasta Liñares. Una vez allí retomamos dicho sendero, empezando a envolvernos la niebla, así que tuvimos que echar mano de las capelinas. Seguimos andando y por el camino dejamos a nuestra acompañante yankie, hasta llegar tras una buena cuestecita a Padornelo. Desde allí la senda seguía al lado de la carretera hasta Triacastela.

En Triacastela decidimos para a comer unos bocadillos en un bar. Era mediodía y teníamos que decidir qué hacer, ir por la variante de Samos (más carretera) o por la interior. Le echamos valor (o inconsciencia) y después de comer nos introdujimos en plena sierra por el camino, asfaltado en su mayoría y luego de tierra, que nos llevó aldea a aldea por paisajes preciosos, que desgraciadamente no llegamos a disfrutar lo suficiente por el largo recorrido realizado.

Finalmente, tras el sufrimiento, llegamos alrededor de las 20:00 a Calvor, donde descansamos en el albergue municipal. Sin duda, la jornada más dura de todo El Camino. Esta vez no hubo cervecita, pasamos directamente a la cama.


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Día 4: Calvor - Portomarín (27,49 km)

Nos levantamos más tarde esta vez, necesitábamos descansar de la jornada anterior. Recorrimos aproximadamente 5 quilómetros hasta Sarria para parar allí a desayunar, y Ester aprovechó también para ir al médico a que le vieran su tobillo…

Dejamos Sarria por caminos de tierra que tras una cuesta nos dejaban por carretera que iba uniendo pueblo a pueblo la zona. El camino, muy rural pero urbanizado, no nos dejó paisajes fuera de lo normal. Al empezar tarde, la jornada se alargó y cogimos un buen trozo de sol. Comimos, parando durante el recorrifo, un buen bocadillo.

Finalmente llegamos al puente que cruza el río Miño con la preciosa panorámica de Portomarín al fondo. ¡Qué largo se hizo cruzarlo! Y para postre unas escaleras que nos dejaron a una altura con buenas vistas, pero ya exhaustos. Llegamos tan cansados que apenas tuvimos fuerza para buscar alojamiento y cenar, sin poder disfrutar de una visita y cerveza al casco antiguo.


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Día 5: Portomarín - Palas de Rei (23,14 km)

Salimos de Portomarín amaneciendo y con bastante fresco, cruzando el puente del afluente que moría en el Miño y adentrándonos en un pequeño ascenso en zona boscosa, hasta llegar a la carretera LU-633 donde comenzamos a andar en paralelo a ella.

Después de pasar Gonzar y llegar al cruce con la N-540, cogimos el camino por la C-535 sentido Ligonde. El sendero discurrió la mayor parte del día al lado de carretera secundaria, con mucho paisaje rural y agrícola.

Tras pasar Lestedo, llegamos a Rosario, población pegada a Palas de Rei. Antes de entrar a Palas, nos paramos en el albergue municipal, donde descansamos. Comimos en un bar de al lado y nos salió gratis una hamburguesa… después de una buena siesta cenamos algo y nos fuimos a descansar.


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Día 6: Palas de Rei - Arzua (30,16 km)

Tras dejar Palas de Rei siguiendo la N-547, enseguida dejamos la carretera para andar entre campos unos cuantos quilómetros.

A la altura de Leboreiro volvimos a andar en paralelo a la carretera hasta llegar a Melide, un pueblo muy bonito, quedándonos ya la mitad del camino hasta Arzua.

El resto de camino discurrió entre un poco de bosque, campos y carretera, pasando poblaciones como Boente o Sampaio, poblaciones rurales bastante pequeñas.

Al llegar a Arzua vimos que el albergue municipal estaba completo. Algo normal en las fechas que estábamos, pero lo que no era normal es que sólo dispusiera de poco más de 60 plazas. Al final nos dijeron que iban a abrir el pabellón municipal para dormir, y allí que nos fuimos, pero no contamos con que era a la otra punta del pueblo. Llegamos al pabellón, esperamos en la puerta un para de horas hasta que nos dejaron entrar, y finalmente conseguimos cada uno una colchoneta para dormir en el suelo.

Tras cenar en un bar y disponernos a prepararnos para dormir, vimos horrorizados como el pabellón estaba lleno de chiquillos en pleno alboroto. Tuvimos que llamar la atención a los monitores un par de veces, pero la mejor solución fueron los tapones.


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Día 7: Arzua - Santiago de Compostela (40,31 km)

Nos despertamos pronto para acometer nuestra última etapa, 40 kilómetros por delante hasta Santiago de Compostela, así que empezamos a caminar aún de noche. Hasta un pueblo llamado Ras, casi a mitad de camino, el paisaje era totalmente rural, pasando por pueblos como Boavista.

Siguiendo, el camino se adentra en un tramo un poco boscoso hasta O Pedrouzo. Pero a partir de allí empezó el que yo creo que es el peor trozo del camino, justamente el tramo final. Pasamos con pleno sol, sin a penas fuentes, por un trozo totalmente arrasado (donde se supone que iba a construirse un polígono industrial), siguiendo después al lado de la autovía, y rodeando el aeropuerto por zonas poco preparadas. Tuvimos que parar a comer finalmente en Lavacolla y de paso beber un poco de agua fresca.

El tramo siguiente, igualmente abandonado, discurre en una zona que parece un polígono industrial, al lado de los recintos de la televisión española y gallega, hasta llegar finalmente al Monto do Gozo. Seguimos encontrándonos enseguida con entorno urbano, y frente al primer cartel de Santiago de Compostela. Pero aún quedaba un largo rato hasta la Plaza del Obradoiro.

Tras pasar la zona periférica, entramos en el casco antiguo, donde las calles se estrechaban camino del centro. Nuestra mayor desilusión fue encontrarnos con que no podíamos entrar a la Plaza del Obradoiro con las mochilas, por celebrarse por la noche un acto multitudinario por la celebración al día siguiente de Santiago, 25 de julio, en año Xacobeo. Para más desgracia, no encontramos donde dormir y tuvimos que volver al Monte do Gozo para poder descansar.

Un poco de mal sabor de boca al final del camino, pero un saco lleno de experiencias y momentos inolvidables.


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